Conocedores de las virtudes del aceite tales como la capacidad de absorción, su permeabilidad y sus propiedades para conservar las cualidades de otros productos, supieron utilizarlo y adaptarlo a sus necesidades vitales de higiene y cosmética.
Los egipcios y los pueblos heládicos se sumergían en el agua y después friccionaban su cuerpo con aceites aromatizados con plantas, seleccionadas por sus principios curativos.
Los griegos se lavaban cuidadosamente en la fuente, en bañeras domésticas o bien en los baños públicos. La fricción de aceite tonificaba y templaba la piel después del agua fría y evitaba la desecación e irritación debida al exceso de contacto con aguas calcáreas.
El aceite tiene unas propiedades reales: nutre, suaviza, impregna, permanece, conserva, aromatiza y es portador de aromas, impermeabiliza, brilla, es portador de luz y de calor, calma y pacifica, lubrica, depura y limpia. A partir de estas propiedades se le hizo símbolo de sabiduría, de luz, de inteligencia, de paz, bienestar, suavidad y luz interior.
Algunos dermatólogos recomiendan y recetan a sus pacientes nuestros productos por las propiedades que aportan tanto el aceite de oliva, como los aceites esenciales a la piel. Destacando la efectividad de nuestros productos en el tratamiento de problemas de la piel, aporte de elasticidad para pieles escamosas, alivio en problemas circulatorios, reumáticos y otros problemas musculares.